Síncope
Un año de pasmo. Toqué el limbo donde danzaron realidades con masa y filo. Una lluvia de alfileres impactó el silencio. Nudos en la frente, filamentos nerviosos como ovillos, la vista apretó, órbita ocular que se comprimía como el papel.
Intentos de equilibrio en medio del huracán, la verdad se ocultaba en el cráneo. Gritaba. Amanecieron las conclusiones de la madrugada; los recuerdos ciegos vieron la luz.
Alguien removió la tierra, el monte entero. Penetró el resplandor agudo de la mañana por el cristal sin protección. Eran soles y décadas. Estalló el aire, pero nadie escuchó. Todo sucedió en privado.
Vino la tarea ineludible sobre una telaraña elaborada. Contuve la respiración. Se sacudía con cada minúsculo avance. Había un nido en el centro, el ovillo blanco donde habitaba la negrura con pinzas, tenazas, colmillos resplandecientes.
Días sin fuerza mental. Las energías se desviaron para irrigar el corazón; los instantes redireccionaron. Fueron correcciones fraguadas desde la huella digital impresa sobre un cielo natal, la madrugada naciente de un cambio. El final de una secuencia.
Recordé al fin respirar. Inhalé con fuerza; no había marcha atrás.


