Finiquito
Amiga, si cometiste el pecado, más razón hay. No tienes que seguir pagando, has enmendado más allá de tu capacidad para la carga bruta. Cada entrega, ahora en adelante, será riachuelo cristalino hacia quienes claman , heno y musgo espléndidos que suavicen el suelo materialista del presente, susurro del agua que rodea las piedras, el recuerdo de tus pasos por el campizal de tus raíces, en la tierra de tus abuelos.
Las aves ya volaron, escaparon de esa jaula que durante décadas te tuvo, pero no es la única jaula; existen otras nuevas, pero con distintos nombres.
Entonces, ¿qué de malo si dices hoy no, si tomas algunos de los triques que guardas en la cochera, si acatas unas cuantas frases de tu abuela? ¿Qué de malo si no te disculpas hoy, si dices cómo fue y lo que hiciste? Si declaras sin adornos cuán jóvenes fueron la ignorancia y la estupidez, cuán coloridas, deslumbrantes. ¿Qué de malo si te permites el finiquito de una cuenta que llevaste hasta su conclusión?
Fueron innumerables las caídas de las que te erguiste en soledad, sin pedir nada a cambio; tantas voces encontradas, entre las expectativas del amor y las ganas de ser tu propio tutorial; cuántos espacios tuviste que reclamar en un grito reprimido y el tiempo que estuviste dispuesta a esperar para que tu vida esclareciera; inhalaste profundo, borraste el programa artificial y su música, un poco, cada día. Apagaste el ruido, resguardada detrás de muros y trabajo; te incorporaste al proceso de los retoños a tu cargo, aguardando con recato los ciclos de su crecimiento y, repasando el tuyo, aceptaste al tiempo y su vastedad.
Que ya no sea paga entonces, que ningún recuerdo quede con saldo pendiente. No admitas reclamaciones fuera de tiempo. Has llegado, es triunfo. Que tu servicio sea disfrute pleno, construcción de momentos, memoria que te lleve aún más lejos que tu propia vida; pero cuando necesites respiro, deja que ellos carguen la cruz que escogieron, que avancen reales, sacando voluntad de locaciones remotas; que entiendan la soledad, que la admitan, pues sabes bien que nos es intrínseca. Ni tú ni nadie podrán explicarles todo lo que encontraste en ella, mientras avanzabas el camino llevando tu cruz.


