Canto en Copa
En su mano la llave, cuando sostiene la copa burdea, que abre la compuerta del agua prisionera. Rugen las tormentas de su antaño, nunca se detuvieron. Mar hinchado de violencia y, el capitán del barco solitario que gira el timón de abrupto, intenta esquivar aguas de furia escarpada, las salientes sólidas de los témpanos más antiguos, pues cree lo destrozarán.
Una copa su idioma sereno, laguna sangría y, se encienden sus ojos de llamaradas carmín. Cuántas penas se arrojan de la cubierta; las decepciones, demonios hábiles, se deslizan de incógnito, burlando el caudal. Mar de contradicciones, sinsentidos, cuando esas sirenas de copa hinchan sus velas con promesa de amores, diamantes del vino. Luego canta, exhalando vapor maderoso y el aire fermenta. De sus ojos inflamados escurren minúsculos naufragos, externos al tiempo natural.
El cuerpo cede, las compuertas laxas dejan ir al agua hasta el ápice de la madrugada más oscura; se pierde en la conocida soledad de una copa sedienta, en el viaje que no trasciende, el vacío, cuando de lías se tiñe el fondo, sin recuerdo ni brillo.
Capitán, copa en mano, rumbo a ningún sitio. Negado a dejar su nave, no comprende la duración de su noche en altamar, el hechizo de la uva sin piel, las sirenas del mar burdeo, astrolabio descontrolado, las aguas de su verdad.


